La chica que fumaba.

10:41

Paseaba por el centro de la ciudad, cámara en mano como siempre, mirando arriba y abajo, a derecha e izquierda, buscando algo que destacara sobre el resto. Hacía frío, tanto que el pecho me dolía al respirar. Pecho hinchado y pinchacito de dolor, tal cómo me gustan a mí los paseos (y la vida en general).
Gente andando, bicicletas, flores, tranvía, agua, un borrón que no identifico. Busco los detalles pero no los veo; tengo la cabeza en otra parte.  
No sé muy bien porqué pero miro hacia arriba y ahí está ella. En un balcón cualquiera, de un hotel cualquiera, en una ciudad cualquiera. Me fijo porque lleva una camisa holgada y nada más. ¿Pero esta chica no tiene frío?
Y está fumando. Nunca entenderé el vicio del tabaco, los dedos amarillentos, el olor, la culpabilidad en los ojos. Y la disposición a pasar frío o calor por unas caladas. Y hoy hace mucho frío.
Empiezo a plantearme las razones por las que una chica termina fumando en un balcón con una camisa (y nada más) a un par de grados por encima del cero.

Lo primero que se me ocurre es que quizás se haya acostado con alguien. Pensamiento recurrente en la sociedad en la que vivimos: todo está relacionado con la carne. Sí. Seguramente ayer salió de casa, tuvo un día de mierda, volvió y se dejó convencer por unas amigas para tomar unas cervezas. Una cosa llevó a la otra y oye mira que chico tan mono, te está mirando, pues qué tál, me llamo X, ¿quieres una copa? no debería pero hoy me siento fatal así que un par de ellas, ¿bailamos?... y acabaron en un hotel. Cuando se ha despertado se ha dado cuenta de que no recuerda el nombre del chico. Está fumando mientras hace memoria. ¿Raúl? ¿Miguel?

A medio camino entre esa situación y algo completamente diferente está la opción de haber asesinado al chico después del sexo. Como una mantis religiosa que acaba con el macho cuando deja de ser necesario. Quizás la chica es una asesina a sueldo y alguien la ha contratado para ello. Y ahora está fumándose el cigarro de la victoria, del trabajo bien hecho. Well done girl.

Lo segundo que pensé es que quizás la chica trabajaba en el hotel. Un día rutinario cualquiera en el que después de limpiar con esmero el lavabo sabiendo que nadie lo iba a notar, unas gotas de lejía caen sobre el pantalón puesto hace un rato. Se queda mirando como el tejido se va corrompiendo y piensa que tiene la opción de correr y enfadarse o quitarse la ropa y dejar que la naturaleza siga su camino. Adiós pantalones, adiós. Adiós a otras muchas cosas que también corrompen, adiós.

Y en ese momento en que en mi cabeza había un par de despedidas, ella me mira, como si supiera lo que estoy pensando. Le sonrío, suelta una calada desde lo más profundo de sus pulmones, tira la colilla, se da la vuelta y se va.
Adiós chica sin frío, adiós.





(Un comentario sin importancia inspiró esta no-historia). 

pertenecer (parte I).

10:27


Llevo un tiempo reflexionando sobre un sentimiento que siempre recuerdo en mí: el de no pertenecer a ningún sitio. Quizás porque jamás he sentido que encajara en este pueblo que me vio crecer hasta la mayoría de edad, tampoco la ciudad que me acogió después en la universidad. 
No me malinterpretéis, tengo unos padres y un hermano a los que adoro. Pero aunque ahora por cosas del azar vuelvo a estar en la casa familiar, no la siento más que paredes. Paredes en las que he vivido muchas cosas claro. Pero no dejan de ser muros.
Quizás lo más parecido a pertenecer que he sentido fue mi querida Marburg. Ahí empecé a encontrarme a mí misma y me rodeé de mucha gente que solo aportaron cosas buenas. Ojalá hubiera podido aportarles yo más, pero espero que entendieran que en ese momento estaba muy limitada en mi capacidad de relacionarme.
En inglés tenemos la palabra home que traducimos como casa y aprendemos cuando no sacamos un palmo del suelo. Pero home es más que una casa, es un hogar.
Para mí un hogar es un sitio seguro, donde puedes ser tú, donde nadie te mira, donde nadie te juzga. Donde no piensas, solo eres. Y ahí me di cuenta que sí tengo algo a lo que llamar hogar y son las personas. Y aunque las coordenadas marcan a mi persona favorita en el mundo, va por algunas más.
Gracias por marcar puntitos en el mapa donde me siento segura.

*

10:23

¿Cuántas veces os habéis considerado malas personas por el simple hecho de sentir algo que quizás no entra dentro de lo estándar?
¿Quién marca el bien y en el mal en el sentir?
¿Por qué hay gente que juzga a otros por sus sentimientos, considerándose seres superiores?

¿Hasta que punto ha llegado la presión de la sociedad que en vez de abrazar de manera natural lo que me dicen mis tripas lo racionalizo hasta atacarme y hacerme sentir el ser más pequeño del universo?