Crecer.

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Quizás sea porque sólo quedan un par de semanas para mi veintimucho cumpleaños, pero últimamente no paro de pensar en la palabra crecer y todo lo que conlleva.
Muchas personas que conozco han conseguido llegar a ser lo que querían de pequeños. Veterinarios, médicos o ingenieros informáticos. Pero yo no recuerdo haber querido ser nada.
Obviamente, ha habido fases, pero ya a cierta edad. Quise estudiar informática, fotografía, arte, periodismo e idiomas. ¿Qué tienen en común todas ellas? La posibilidad de viajar y de ir mucho a mi bola.
Al final me decidí por los idiomas. A día de hoy, la peor decisión que he tomado en mi vida, y eso que hasta los dieciocho años no conocí la magia de llevar flequillo. No es que me arrepienta de conocer otras lenguas en sí, esa es una sensación tan increíble que es difícil de explicar. Pero no estaba preparada para el reto de estudiar fuera algo que no me convencía. Aún acarreo el problema. Aún me tiene muchas noches sin dormir.
¿Es todo responsabilidad mía? Por supuesto. ¿Nadie ha puesto un granito de arena extra? Discutible. 
Y todo esto, ¿qué tiene que ver con crecer?
Nos enseñan que el tiempo y la edad nos harán madurar y que así seremos más conscientes de nuestras acciones. Y podremos tomar decisiones más inteligentes.
¿Y eso a qué edad es? Por favor, que alguien me lo explique. Porque a mí siempre me han dicho que soy muy madura para mi edad (no importa la que sea) y a mis veinticinco años y once meses, aún sigo queriendo estudiar informática, periodismo, fotografía, arte e idiomas.
Irónicamente, lo que nunca quise hacer era enseñar. Y ahora, después de casi dos años haciéndolo, habiendo llegado a ello por casualidad y de manera forzada, me doy cuenta de que para mí es algo tan natural como el respirar. Y sin embargo, me planteo cambiar el rumbo de mi vida en 180º. Interviernen aquí factores externos: el sistema educativo, oposiciones y mi raquítica economía, entre otros.
Lo que no sé es si estoy siendo inmadura al dejar de lado lo que se me da bien porque el camino está negrocasidenoche o si me estoy comportando como una adulta, reconociendo la situación y buscando una alternativa más viable.
¿No se supone que ya debería ser capaz de distinguir estas cosas? ¿Cuándo se deja de tener miedo a tomar decisiones? Porque cumplir cada vez más años sólo merecía la pena por eso.
Si no va a ser así, preferiría volver a los diez o a los doce, no tener miedo de nada y al menos saber que si me equivoco, la mayor consecuencia que habrá es que ese día me quede sin cenar.

Maldita sea, odio los cumpleaños.