Carta a mi yo de hace un año.
10:18
Febrero
– Marzo.
Hoy es el segundo día de tu vida en el
que más vas a llorar. El primero seguirá siendo cuando te despediste del
abuelo, pero este se acercará peligrosamente. Saldrás a la calle en busca de un
abrazo de tu hermano, que no será un abrazo cualquiera, sino un intento vano de
mantenerte completa, de sujetar los pedazos.
Durante un par de semanas gritarás y te
culparás de todo: no has sido suficiente. Ni fuerte, ni contenta, ni
agradecida. Ni ni ni. ¿Hubiera sido diferente si me hubiera dado cuenta? ¿Se
habría quedado? Incluso te pondrás en su lugar
y entenderás su movimiento: cómo se iba a quedar contigo en tu estado.
¿Quién quiere quedarse a ver cómo se recomponen?
Pensarás en aquel día cómo en el que te
rompiste, pero con el tiempo te darás cuenta de que ya hacía mucho que lo
estabas sin saberlo.
Ese par de semanas pasarán y un día
sabrás la verdad: no tenía nada que ver contigo. Él ya lo tenía decidido pero
no fue capaz de admitirlo. Quiso irse como un mártir, el salvador, el que se
sacrifica por ti porque sabe que es lo mejor, con la conciencia tranquila.
Haciendo el harakiri sentimental. Pero la verdad es que se fue con mentiras,
con cobardía. A sus ojos no te merecías ni eso. Y comparas y piensas, ¿qué ha
pasado con todas esas veces en salas de espera en las que vuestras vidas podían
haberse convertido en una cara triste continua y tú nunca dudaste de agarrarle
fuerte? Pues que sólo tenían valor al otro lado, siendo el apoyado y nunca el
que tiene que apoyar.
Ese mismo mes te enfrentarás al-intento-de
y se reirá de ti. Y entonces te darás cuenta de que se merecen. Querrás decir goodbye & fuck you, no quiero veros
nunca más. Pero nunca más es un lujo que no podemos permitirnos los que vivimos
en ciudad palmera.
Abril
– Mayo.
La primera vez será por sorpresa y
vomitarás.
Empezarás a trabajar en ti, en cómo has
llegado a ser una hormiguita, en porqué nada de lo que haces es suficiente.
Dirás casi-adiós pero nunca al completo, porque aún tienes un agujero en el
pecho del tamaño de un puño.
No querrás salir de la cama, del sofá.
Dejarás de comer, dejarás de dormir. No querrás irte para siempre, pero estarás
segura de que será así y te sentarás a esperar.
Pero saldrás de la cama y no te irás.
Aprenderás a vivir con tu no-hambre.
Dejarás que te cuiden los humanos y los
seres de cuatro patas.
Serás egoísta.
La segunda vez será esperada pero saldrás
corriendo. Te faltará el aire, te romperás en mil pedazos, te faltará césped
para huir. Querrás darle un bofetón (y lo harás mil veces en tu cabeza). Pero
alguien te agarrará de la mano, se sentará contigo y te hará volver. Abrirás
los ojos y estarán todos los que importan, haciéndote sentir segura.
Y conseguirás bailar, reírte, disfrutar
del sol.
Marcarás tu piel una vez más, para nunca
olvidar que de lo oscuro siempre sale algo de luz. Aunque hasta hace poco no lo
pensaras. Y esta será la primera de las muchas cosas que aprenderás.
La tercera la esperarás incluso más y no
pasará nada. Al menos nada en comparación con lo anterior. Y saldrás más
fuerte. La hormiguita más fuerte del
mundo.
Junio.
La cuarta vez dirás adiós. Y ya no habrá
rabia ni odio. Habrá alivio. Llorarás sobre el pecho de la flor más bonita del
mundo y después de eso Iván Ferreiro volverá a ser sólo tuyo. La música volverá
a ser sólo tuya.
Dejarán de dolerte los y si.
Te darás cuenta de que siempre has sido
suficiente. De que lo eres. Y que lo serás. Y que la pérdida no ha sido tuya.
Sentirás que despiertas, que hay mucha
gente ahí fuera con la que reír y ser tú.
Verás que luchaste mucho para que no se
notara en el trabajo las ganas de dejarte ir y que los resultados lo
reflejarán.
Julio
– Agosto.
Sigue costando
algunas veces (pero). Siempre hay un pero y en este caso es un pero precioso.
Trasnocharás, cogerás aún más trenes, besarás, abrazarás, volverás a reír a
carcajadas. Agarrarás una mano y te sentirás bien.
Te dirán cosas bonitas y por primera vez
en tu vida, te las creerás.
Aceptarás que a veces las manos se
sueltan y no pasa nada porque no hay mentiras.
Septiembre.
Volverás a marcar tu piel, pero esta vez
no será para recordarte nada. Ya no lo necesitarás. Has aprendido a ver lo
bueno, a dejarle su espacio a lo mano pero nunca hacerlo prioritario. Has
aprendido el valor que tienes independientemente de tu peso (y menos mal,
porque ahora eres un ochentaporciento
de lo de antes).
Te volverá a latir la patata al mismo
ritmo que otra patata.
Octubre
– Noviembre.
Has encontrado la paz. Ya no necesitas
ayuda para dormir, ni para respirar, ni para comer. ¿Era esto ser tú? No. Nunca
has sido esto. Eres la versión mejorada.
Te darás cuenta de que quieres que te
dejen crecer, que eres independiente pero buscas cuando quieres. Que decides
tú. Que no necesitas a nadie pero dejas que estén porque quieres-quieren.
Te enamorarás de alguien. ¡Era posible joder!
Diciembre
– Enero.
Habrá baches peroyanosonlodeantes.
Llorarás pero sabrás que no es el fin del
mundo.
Sufrirás pero sabrás que no es el fin del
mundo.
No tendrás ganas pero sabrás que no es el
fin del mundo.
Ya nada lo es.
Felices 30 arañazos, guerrera.
Febrero.
Ya sí, ya estás limpia. Estás sana.
Volverás a besar, volverás a sentir
ilusión, volverás a quererlo todo.
Porque sabes que te lo mereces. Porque lo
que antes parecía todo noeraniunamierda.
Feliz aniversario.
Feliz vida.
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